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El Teatro del Libertador General San Martín es el más antiguo en funcionamiento en nuestro país y fue concebido bajo las características de teatro lírico; su acústica está considerada actualmente como una de las mejores de Argentina.
Fue en 1887 cuando la clase gobernante de entonces (la gobernación estaba a cargo de Ambrosio Olmos) se decidió a construir un teatro acorde a sus expectativas de progreso y al desarrollo de la ciudad.
El proyecto fue encargado al ingeniero italiano Francisco Tamburini, quien se desempeñaba como inspector de arquitectura en la Nación y que conocía las tendencias y características de los teatros líricos europeos.
El teatro terminó de construirse en 1890 y en el marco urbanístico de aquel momento su construcción era de características imponentes: columnas apareadas de orden dórico y jónico, un pórtico sobreelevado que da acceso a la boletería y al hall que se abre a sus diferentes niveles. Todo esto articula un esquema simétrico con una gran sala en forma de herradura.
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El artista plástico Arturo Membrini Gonzaga decoró en estilo pompeyano la gran bóveda central, se encargó de cincelar el grupo escultórico de figuras femeninas que –sosteniendo una llama votiva, una lira y una trompeta- coronan el frente del Teatro, así como las esculturas interiores. El artista pintó frescos de diversos estilos (renacentistas, etruscos, japoneses, Luis XIII,
entre otros, diversas salas del teatro.
Se
trajeron suntuosos muebles de Europa, se dotó al recinto de un
alumbrado con usina propia y de un ingenioso sistema que permitía
elevar el piso de la platea hasta el nivel del escenario para ser
utilizado como salón de banquetes.
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